Una mañana del verano de 1997 Isabel presentó a Elisa y Andrés. Elisa se alegró de que Andrés trabajara con ordenadores porque se quería comprar uno y a Andrés le pareció estupendo que Elisa fuera médico para preguntarle de biotecnología. Cuatro años después Elisa no considera como enfermedad mental el coleccionismo de ordenadores y Andrés ha aceptado que no es correcto desde el punto de vista ético modificar genéticamente a los humanos para vivir en el espacio. Solventadas estas diferencias iniciales han decidido casarse.

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